Ecosistemas Marinos y Costeros

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En la caracterización de un ecosistema tanto marino como costero, entendidos como sistemas, que involucran interrelaciones entre componentes bióticos y abióticos en la naturaleza, necesariamente confluyen y se complementan características de sistemas terrestres vecinos, la topografía, la dinámica del mar y la flora y fauna.

Los ecosistemas terrestres costeros interactúan con los marinos en un flujo constante de materia y energía, que se expresa en sedimentos orgánicos e inorgánicos arrastrados al mar; fauna que tiene partes de su ciclo de vida en ambos espacios; agua dulce que al mezclarse con salada crea condiciones especiales de estuario, que influye en la dinámica del agua de mar cerca de la costa y sus características físico químicas. La topografía del fondo del mar condiciona el sustrato sobre el cual vivirán las diferentes especies e influye sobre el comportamiento dinámico de las masas de agua. Las corrientes marinas, cuyas causas son diversas y obedecen, algunas de ellos, a fenómenos de escala planetaria, también condicionan las particularidades de los ecosistemas marinos y ecosistemas costeros. De este modo, los ecosistemas marinos están definidos por los tipos de corrientes y la topografía submarina, y se ubican sobre la plataforma continental y más allá. Hay varias clasificaciones en función de las principales corrientes (ecosistema de la corriente de Humboldt, del giro central del Pacífico, etc), o bien por la profundidad: pelágicos, neríticos, bentopelágicos, abisales, etc. Los ecosistemas costeros están definidos por la topografía y corrientes costeras, se ubican en las proximidades de la costa hasta los 30 metros de profundidad, y están altamente influenciados por la tierra (no solo aportes de agua dulce sino las actividades antrópicas). Ejemplos de clasificaciones son por la topografía: bahías, fiordos, desembocaduras de ríos, frentes de costa expuestos, etc; o por distribución/agregación de especies (biogeografía), etc.

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